Dada la situación del vehículo, decido que es mejor usar otro tipo de transporte. Como vaticiné ayer: "mañana salimos en trineo". Pues, dicho y hecho. Lleva 2 días nevando sin descanso y además parece que no va a parar antes del miércoles, así que lo mejor es ser práctico y llevar al niño en trineo y no en coche.
Mientras esperamos el tranvía veo que un par de vecinos han decidido ir al trabajo en bici. Este país no para ni altera sus costumbres por una simple nevada.
Al cabo de un rato dejo a Aimo, feliz de la vida haciendo muñecos de nieve en el patio de la guardería en compañía de otros niños. La nieve les llega por la cintura.
En el trabajo todo el mundo sigue a su ritmo, inalterables, como si nada hubiera pasado. El único cambio apreciable es la nieve en los marcos de las ventanas.